Verano

Verano


¡Felicidades! Es lo que sale del alma decir. Felicidades, claro que sí, por las vacaciones que se avecinan, para que la alegría, la cordialidad y la buena convivencia colmen estos días irrepetibles.

Pero las felicidades que, seguro, nos deseamos todos quienes formamos el gran corazón de Cáritas, desde nuestro sentido más humano, son otras:

  • felicidades por tener la suerte de pertenecer a esta gran familia, donde todos nos sabemos unidos y contamos, ante las situaciones difíciles, con el apoyo incondicional de nuestra gente;
  • felicidades a las personas participantes que han encontrado aquí su segundo hogar, sus amigos entre los compañeros, su lugar de descanso y de apoyo entre las voluntarias y en ese personal contratado que hace de su profesión la dedicación más certera para ellos;
  • felicidades a quienes nos sostienen desde fuera, porque comparten con nosotros  una misma vocación de servicio en la que quienes menos pueden valerse por sí mismos cuentan mucho en sus prioridades;
  • felicidades también a quienes han querido empezar entre nosotros una nueva vida y han hallado la acogida y el afecto que les permite iniciar con confianza la búsqueda de un destino digno y seguro.

Las felicidades que nos deseamos surgen de nuestro conocimiento del sufrimiento, de la necesidad o la soledad de familias en situaciones complicadas y de la ayuda que entre todos somos capaces de ofrecer, olvidando muchas veces nuestra propia necesidad.

En un mundo que va deprisa, en el que gana el materialismo, la desconfianza en el futuro y el estéril individualismo, podemos decir que entre nosotros, el tiempo se detiene un poco, la tranquilidad se convierte en bálsamo y el individualismo se transforma en cálidas relaciones de buena amistad.

Basta salir de casa, caminar por las calles de nuestro barrio o entrar en un comercio para sentir que no se está solo, que hay quien se interesa y se preocupa por nosotros, quien sufre a nuestro lado y quien se alegra de nuestra alegría. Y esto es una realidad que no tiene precio. Y la vida de parroquia, nuestras parroquias, es nuestro mayor orgullo. En ellas, todo lo dicho se queda corto. La fe, la gratitud y el amor fraterno se hacen sencillez y afecto, acogida y gozo.

Solo nos queda decir lo que ya todos sabemos y no nos cansaremos de repetir: es Dios quien nos mueve a sentir la felicidad de compartir entre todos y todas una vida que se nos ha dado gratuitamente y que estamos obligados a no desperdiciar por lo valiosa que es.

Mª José Varea
Voluntaria

Durante el mes de agosto este blog no cierra por vacaciones. Como en anteriores ediciones, publicaremos las entradas más leídas a lo largo del curso pasado. ¡Que tengamos un buen verano!

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