Vigilia Pascual

Vigilia Pascual


– Mujer, ¿por qué lloras?

Ha sido una noche pesada. Ni capacidad de hablar entre ellos tenían. Bajaron del monte en silencio y en silencio se mantuvieron, en vela, durante toda la noche. Las mujeres querían ir, al amanecer, al sepulcro para lavar y ungir el cuerpo de Jesús, envuelto precipitadamente en lino antes de llevarlo a la cripta que el de Arimatea tenía allí cerca.

Encuentran corrida la pesada piedra que tapaba la entrada. Dentro, solo en el suelo los lienzos que lo cubrían.

Miedo y angustia a lo que se escapa a su comprensión. Lo que han vivido al lado de Jesús y el verle morir de una forma tan cruel e injusta; creer en él y confiar en su palabra no ha sido suficiente para superar la debilidad humana que las invade. Es tan grande, tan hermoso, tan fuera de toda lógica el misterio que envuelve la vida y la muerte de su Maestro que no son capaces, ahora, de pensar con claridad. En este momento se sienten solas y desconcertadas. Asustadas.

Corren en busca de los otros discípulos. Encuentran a Simón Pedro y a Juan.

– Se han llevado el cuerpo del Señor…

Se encaminan ellos hacia el sepulcro, incrédulos y temerosos. También ellos tienen miedo de lo que van a encontrarse o de lo que no van a encontrar. Sin embargo, no pierden un minuto. Pedro entra el primero y tras él, más amedrentado, Juan. A la cabeza les viene, de inmediato, las palabras del Maestro y también lo que dice la Escritura y creen sin necesidad de mayores pruebas.

Y en este momento empieza para ellos un nuevo camino, una nueva vida. Será la luz de Cristo resucitado la que apartará las tinieblas de sus mentes y de su espíritu para ser los primeros testigos de Aquel que vivió una apasionada entrega al prójimo y que murió porque, por encima de todo, amó al ser humano débil y acosado por la muerte.

Mª José Varea
Voluntaria

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